Canal de Panama

Honorable Louis Caldera

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Ceremonia de Transición del Canal de Estados Unidos a Panamá
Discurso del Honorable Louis Caldera, Presidente de la Junta Directiva de la Comisión del Canal de Panamá, en el acto de Transferencia del Canal de Panamá

Es un honor encabezar la distinguida delegación que hoy representa a los Estados Unidos de América en el momento en que con orgullo cumplimos con nuestra última y más importante obligación bajo los Tratados del Canal de Panamá de 1977. Gracias, presidenta Moscoso y pueblo de Panamá, por su gentileza en recibirmos tan cordialmente en este día histórico. Hoy realmente es un día especial para los pueblos del mundo. Hoy es un día de nuevos inicios. Celebramos el fin del siglo XX y damos la bienvenida al amanecer del nuevo milenio. Aquí en Panamá tenemos el privilegio de celebrar algo más que la vuelta de página en el calendario y la promesa esperanzadora de un nuevo d ía.

Aquí establecemos una nueva era para el Canal de Panamá y para los dos grandes países; Estados Unidos y Panamá, que construyeron y dirigieron esta octava maravilla del mundo moderno durante la mayor parte de este siglo que pasa. A partir de las doce medio día de hoy el control total del Canal de Panamá pasará de manos de Estados Unidos a manos de la soberana nación de Panamá, uniendo todo su territorio bajo una sola bandera por primera vez desde el nacimiento de la Rep ública de Panamá en 1903.

Para Panamá este es realmente un día importante y memorable. Para Estados Unidos también es un momento importante de su historia. Miramos atrás con gran orgullo al logro que representa la construcción de este canal y su operación continua desde 1914 para beneficio de todas las naciones. A la vez esperamos con ilusión la llegada de un nuevo día en nuestra relación con Panamá y con todos los pa íses del hemisferio occidental.

Panamá y Estados Unidos pueden sentirse orgullosos de que cumplimos con todas las tareas necesarias para lograr esta transferencia de manera digna de países que comparten un destino en común como miembros de la familia de naciones que llamamos Am érica nuestro hogar.

Es difícil para algunos estadounidenses recordar que muchas veces a lo largo de este siglo las relaciones entre nuestros países fueron tensas, debido a temas entorno a aquello que nos unía de manera singular como socios en el mundo: El Canal de Panamá. Hoy nuestras relaciones son más fuertes que nunca. Precisamente porque hemos trabajado juntos para resolver estos temas tal como se espera de dos grandes países, por medio de la diplomacia, la cooperación y un espíritu permanente de buena voluntad. Esperamos continuar manteniendo las buenas relaciones que existen entre nuestros dos países. Nosotros realmente esperamos construir mejores y más estrechas relaciones entre Estados Unidos y Panamá, y entre Estados Unidos y todas las naciones de América Latina. Relaciones basadas en el respeto mutuo, la confianza, la cooperación y la participación conjunta en trazar un curso para las Américas que nos ayude a lograr nuestro objetivo compartido de crear una mejor vida para los pueblos de nuestro hemisferio.

Cuando los signatarios de los Tratados Torrijos-Carter de 1977 eligieron este día para el traspaso del Canal, poco se imaginaban la forma en que el mundo estaría entregado en aceptar la entrada del nuevo milenio. Sin embargo escogieron sabiamente porque este es un día que nos hace reflexionar sobre el lugar que ocupaban nuestras naciones hace cien a ños y cuán lejos hemos llegado.

En 1899 la joven nación de Estados Unidos apenas cumplía su primer siglo de existencia, había crecido de una pequeña colonia inglesa a una agitada nación que se extendía por toda América del Norte. Y Panamá, tierra de historia antigua, estaba a punto de obtener su independencia de Colombia. Al terminar el siglo los intereses de Estados Unidos, tal como los de aquellos países que habían sido colonias en el Nuevo Mundo, estaban cerca de casa. Estados Unidos estaba decidido a terminar con la dominación ejercida por las monarquías europeas, para que los pueblos fuesen libres de explorar y desarrollar la abundancia de sus propias tierras y fueran libres de gobernar sus propias vidas.

Es justo decir que hace cien años Estados Unidos aún no era potencia mundial. Las responsabilidades globales que pronto le serían impuestas en la primera y segunda Guerra Mundial aún no yacían por delante. En Panamá, Ferdinand de Lesseps había estado luchando infructuosamente para lograr el sueño que cautivaba la imaginación del hombre por casi 400 años; la construcción de un canal por el Istmo. Tres cortos años después esta meta fue comenzada con seriedad cuando, con el apoyo de los Estados Unidos, Panamá declaró su independencia y casi inmediatamente se logró un tratado con los Estados Unidos para la construcción de un Canal.

El presidente Teddy Roosevelt dijo: “Por toda ley humana y divina, Panamá estaba en lo justo en cuanto a su posición”. El presidente Roosevelt estaba profundamente comprometido con la construcción del canal con pleno conocimiento de todos los obstáculos y retos que tan magno proyecto implicaba. A medida que el trabajo avanzaba, visitaba la construcción y les decía a los trabajadores, “Esta es una de las más grandes obras del mundo. Es m ás grande de lo que ustedes ahora se imaginan”.

El esfuerzo ciertamente era monumental. Obreros de Estados Unidos, Panamá, las Antillas y de todo el mundo lucharon por diez largos años antes de completar la construcción del Canal por el Istmo de Panamá, que conectaría los dos grandes océanos del mundo: el Atlántico y el Pac ífico.

Ochenta y cinco años después del primer tránsito del vapor ‘Ancon’ por el Canal y casi cien años antes de concebir la idea de un Canal, ahora sabemos lo que significaba este Canal para el mundo. Ha unido al mundo entero. Por medio del comercio que pasa por sus esclusas, el Canal ha logrado la accesibilidad de mercados a más naciones del mundo y ayuda a difundir los beneficios del comercio a más pueblos del mundo brindándoles la oportunidad de mejorar su vida y su bienestar y estrechando nuestras relaciones y la comprensión mutua.

Mirando hacia atrás podemos ver que Panamá era una puerta hacia el futuro, que abria la puerta a este siglo de globalización y ayudaba a construir la interdependencia e interconexión del mundo en que vivimos hoy.

A la misma vez podemos ver, tal como nos recordó el Presidente Jimmy Carter hace dos semanas, que desde un principio, el Tratado bajo el cual el Canal fue construído, contenía lenguaje sobre el que surgieron preguntas inquietantes respecto a la soberanía de Panamá, sobre su propio territorio, y que pronto se convirtieron en tema de gran controversia entre nuestros pa íses.

Los Tratados efectivamente dividieron a Panamá en dos territorios separados y le otorgaba a Estados Unidos en toda la Zona del Canal que dividia a Panamá, un nivel de soberanía que recordaba una era colonial m ás apropiada al Siglo IXX que al Siglo XX.

Este arreglo se convirtió en una fuente de conflicto entre nuestros paises, precisamente porque era inconsistente con los principios que Estados Unidos defendía en el Siglo XX: el compromiso de luchar por la libertad, promover la democracia y proteger los derechos humanos. En dos Guerras Mundiales, en Korea y durante la Guerra Fria, Estados Unidos estuvo dedicada a la propuesta de que preservar y difundir las bendiciones de libertad es la mejor esperanza para mejorar la humanidad. A mitad del siglo, las contradicciones que presentaba este Tratado de 1904 entraban en conflicto con el papel que Estados Unidos representaba en un mundo cambiante, y el papel que Estados Unidos buscaba representar aqui en nuestro propio hemisferio.

En 1961, el Presidente John Kennedy anunciaba una visión urgente para Estados Unidos, una alianza “Alianza para el Progreso”, en la que Estados Unidos trabajaría con nuestros amigos y mas cercanos vecinos para llevar a cabo las mas grandes aspiraciones de nuestro destino en común. “La misión de nuestro Hemisferio aun no está completa”, dijo, “Nuestra tarea incompleta es la de mostrar al mundo entero que las aspiraciones no insatisfechas para el progreso economico y la justicia social pueden lograrse mejor por hombres libres laborando dentro de un marco de instituciones democraticas. ”

John Kennedy hubiera comprendido que Estados Unidos no podia aspirar a ser un buen vecino para América Latina y continuar ocupando y dividiendo el territorio de un país soberano que consideraba amigo. No importa cuan beneficioso ese arreglo había sido en el pasado para ambos paises. El hubiera comprendido que Estados Unidos no podía abogar por democracia y auto determinación y sin embargo negarle a Panamá la soberan ía total de su propio territorio, que Panamá anhelaba.

En 1962 se vió obligado a tratar el problema que agobiaba los dos paises acordando con el presidente Chiari a que la bandera panameña ondeara a lado de la norteamericana en toda la Zona del Canal, inclusive aquí en el Edificio de la Administración de la Comisión del Canal y en el Puente de las Américas. Pienso que si él hubiese vivido, el Presidente Kennedy, ciertamente hubiera prometido negociar la reversión del Canal, justamente como el Presidente Johnson to hizo en 1964, en respuesta a los incidentes criticos y trágicos durante los cuales 19 panameños y tres norteamericanos perdieron la vida a causa del creciente resentimiento que estaba minando los vínculos entre nuestros pa íses.

El Presidente Johnson trató de cumplir esa promesa y en 1968 no lo pudo lograr. Entonces recayó sobre una nueva administración. El Doctor Henry Kissinger firme y valientemente se dedicó a la negociación de un nuevo Tratado. Dijo recientemente, que durante las negociaciones, era importante que Estados Unidos tomara una decisión sobre si Estados Unidos dejaría descansar nuestros intereses en el Canal de Panamá sobre nuestra indudable habilidad de retener nuestros derechos a la fuerza, o si dependerímos de la cooperación entre Panamá y todo el hemisferio occidental, y que lo que estabamos haciendo reflejaba nuestro destino comun. “Los Estados Unidos”, dijo , “necesitaba negociar un nuevo Tratado si íbamos a proseguir en el Hemisferio Occidental sobre la base de un compromiso con un destino común y un compromiso común con la dignidad humana, las instituciones democráticas y las relaciones de cooperaci ón.’

Pero fue el Presidente Jimmy Carter, en la administración posterior, que tomó los pasos valientes para negociar, junto con el General Omar Torrijos, la firma de los Tratados de 1977 que disponía la reversión total del Canal de Panamá a los panameños. Y desde entonces todas las administraciones han trabajado para apoyar este esfuerzo.

Hoy culminamos la labor que se inició con la firma del Tratado de 1977. Hoy, una Panamá joven que yace casi en su segundo siglo asume la responsabilidad histórica de administrar esta via acuática. Panamá cumple este nuevo papel con una fuerte y vibrante democracia. Una tierra de gran belleza y promesa a inicia este siglo con soberanía total en todo su territorio.

Como presidente de la junta directiva de la Comisión del Canal de Panamá les puedo asegurar que Panamá esta más que preparada. La nueva e independiente junta directiva panameña, la Autoridad del Canal de Panamá, el equipo de Administración del Canal, y la fuerza laboral talentosa y leal que durante los últimos diez años han lidiado efectivamente con todos los detalles de la operación del Canal. Ambas naciones han trabajado arduamente para asegurar una transici ón imperceptible.

Panamá toma el control con las prácticas administrativas más modernas y con un claro sentido de responsabilidad de lo que el Canal debe seguir significando para el mundo. Agradezco a los miembros de mi junta directiva, tanto estadounidenses como panameños, a los miembros de la Autoridad del Canal, los prácticos, los ingenieros, los pasacables y todos los empleados del Canal por todo su trabajo arduo para que este día se convirtiera en una realidad. Nuestro lema era “un equipo, una misión” y lo logramos. Pudimos trabajar como un equipo para el Canal, un paso hacia el Siglo XXI. El espiritu de cooperación en el cual el Canal fue construido y en el cual se negociaron distintos Tratados, y hoy dia completamente implementados, to podemos escuchar en las declaraciones del Presidente Clinton al final de siglo y que durante muchos años ahora simboliza la unidad y propósito común de las naciones democr áticas de las Américas.

Así que ahora avanzamos hacia adelante como socios en una nueva era, nunca olvidando que el progreso requiere trabajo arduo. Los retos que el Presidente Kennedy nos pidió que cumplieramos, aún los tenemos presentes. Muchos de nuestros pueblos aún viven en la pobreza, ignorancia y desespero. Debemos construir sobre las nuevas oportunidades que este Canal ha permitido para el área del Canal y el gran progreso que esta área ha hecho en este último medio siglo para construir democracias más fuertes, sociedades más tolerantes y mayores oportunidades ecónomicas. Nuestras democracias deben estar comprometidas, como nosotros lo hemos hecho aqui, en escoger la concertación en lugar de la confrontaci ón.

Debemos adoptar los nuevos retos de este siglo y todos los individuos tienen derecho a una vida, a trabajo, a salud y esto es un derecho inalienable. Debemos hacer que en este nuevo siglo sea nuestra primera orden del dia, y que dentro de 100 años sea registrado en la historia que no perdimos la oportunidad de crear una región que es un ejemplo para el mundo, una región donde la libertad, la justicia, las oportunidades y el respeto por la dignidad humana prevalecieron.

Panama, nuestro amigo, los Estados Unidos te saluda. Que Dios los bendiga.

31 de diciembre de 1999.